martes, 10 de septiembre de 2013

Sentimientos ocultos.

Me siento perdida en este mundo. Nada me sale bien. Finjo ser feliz, incluso a veces me lo creo. Deseo que alguien este orgulloso de mi, que me quiera, que me abrace, que me eche de menos de vez en cuando, que se acuerde de mi cuando suene una canción, que me entienda, que me consuele en esos días que me siento tan desafortunada y en lo que todo me parece más deprimente. Me gustaría tener amor, con todo lo que eso conlleva, lo malo y lo bueno. 

Quiero dejar de decepcionar a todo el mundo para pasar a enorgullecerlos. Me gustaría dejar de ser como soy, no ser una borde con todos, confiar en mi misma un poco, apreciarme, quererme, esforzarme, no tirar la toalla a la primera. Ojalá dejara de sentir este inmenso vacío,  esta falta de algo, esta sensación de que las cosas no van bien. Nada me sale nunca como lo planeo. Puede que no tenga derecho a ser feliz, eso lo explicaría todo. Puede que sea tan pesimista que no merezca que las cosas me salgan bien. 

No me siento guapa, ni delgada, ni lista, ni agradable, ni valiente, ni graciosa, ni nada. Me siento como un punto visto desde el espacio, al fin y al cabo es lo que soy, solo un punto entre todos los demás. No soy especial, ni tengo talento ni destaco en nada. Soy una persona más, un humano, un ser vivo. 

Ojalá pudiera dejar de tirarme en la cama  con los cascos puestos a todo volumen para lamentarme de lo que soy, para evadirme de ese mundo que tanto miedo me da. Yo no le temo a la muerte, se que todos moriremos algún día y eso es un hecho, le temo a la vida, por ser tan imprecisa, por no saber lo que podrá pasárme, por ser tan misteriosa. 

Estoy cansada de sentir la sangre latir más fuerte en mi muñeca en una tentativa llamada a que la libere, a que la deje salir libre. Estoy cansada de ignorar que todo esta mal y sonreír para la demás gente. 

No se qué pinto en este mundo, no se cuál es mi misión aquí. Soy cómo esa página de un libro de la cual puedes prescindir y no te afectaría para nada en la historia. Ojalá, ojalá todo mi mundo pudiera cambiar pero el destino esta escrito y estoy segura de que el mío no es mejor que el de el chicle que se te queda pegado a la suela de la zapatilla y va recibiendo golpes cada vez que pisas.